Y así nos encontramos tu y yo, disimiles, cautelosos, para intercambiar y aceptar (o hacer que aceptamos) cosas que nos faltan o que nos sobran. En busca de una tercera materia: nuestro enlace.
D: No quisiera hacerte creer en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, porque mis palabras no son sino tus propios pensamientos transformados en sonidos; y mis acciones, tus propias esperanzas convertidas en acción.
H: Cuando tu dices: “El viento sopla hacia el este”, yo digo: “Si, sopla hacia el este”; porque no quisiera hacerte saber que mi mente no medita sobre el viento, sino sobre el mar.
Es un proyecto que tiene una motivación muy simple: el encuentro de dos amigos, dos bailarines, (con características muy distintas y miradas sobre las danza distintas) en la búsqueda de crear algo juntos.
Casi como un experimento de alquimia, la pieza encuentra su potencia en la mezcla, en la combinación de las diferencias de los intérpretes, y en su simple encuentro.
Una propuesta sencilla donde los cuerpos se presentan de manera natural, olvidando los pasos y la pretensión de crear lenguaje o ser extremadamente novedosos.
Los cuerpos en el espacio, sin nada más. La música como elemento de coincidencia: The Pixies y Patrick Watson. ¿Porque? Porque nos gustan, nos unen.
Una pequeña obra que encuentra su fortaleza en la sencillez: el cuerpo, la música y la complicidad de 2 amigos, ante otros que miran.
Intérpretes/ Creación: Lucía Disalvo – Rakhal Herrero.
Colaboración artística y operación técnica: Laura Aguerreberry.
Duración/30 min aprox.
País/ Argentina.

